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El 30 de marzo de 2007, en colaboración con el Ateneo Cultural La Palmera, los investigadores Jual Álvarez y Luis Gilberto García -miembro de ARAMA 36/37- ofrecieron una charla y proyección de fotografías sobre las fortificaciones de la guerra civil en la montaña central astur-leonesa, con especial atención a la zona de Pajares y Puerto Pinos.
Al inicio de la guerra en Asturias, las milicias republicanas desbordaron la guerra la Cordillera Cantábrica alcanzando en varios puntos las últimas estribaciones de la misma, ya en la provincia de León. Mientras en los puertos occidentales –Somiedo, Ventana, la Cubilla- el frente discurría muy próximo al límite entre las dos provincias, en la zona central –Pajares, Piedrafita, Vegarada-, que cruza la carretera general a León, el avance republicano llegó aprofundizar en buena medida, alcanzando Araya, en la zona de Luna, Cuevas, Peredilla, frente a La Robla y Montuerto, próximo a La Vecilla, para oblicuar hacia el Norte por Rucayo e Isoba, aproximándose de nuevo a la divisoria, aunque siempre en vertiente leonesa, en los puertos de San Isidro, Tarna y el Pontón. 
Todo este frente fue profusamente fortificado por el ejército republicao. Y no sólo la línea de contacto con los nacionales, sino también la retaguardia, hasta las cumbres limítrofes, del territorio leonés ocupado. Así, se localizan abundantes vestigios de construcciones fortificadas en Ventana y en el puerto de La Cubilla -en Rosapero, Cerreos, Meicín, dando frente a las Ubiñas, que eran nacionales-, muchos de ellos excavadas en la roca. Frente a las posiciones franquistas de Los Barrios de Luna-La Magdalena, erigieron sólidas obras en Amargones –vértice Muerza- y Fontañán, dando vista a La Robla, pero también cubrieron de nidos de ametralladora la zona de Villamanín, hasta Pajares, sobre la que, en principio, no parecía amenazar ningún peligro inminente. Igualmente fueron fortificados los puertos de Vegarada, San Isidro y Tarna con obras que cubrían las carreteras de acceso a los mismos. Estas últimas, así como las de Fontañán, son de una fortaleza y magnitud desacostumbradas; los nidos de ametralladoras, prolongándose a derecha e izquierda en galerías aspilleradas de hormigón, destacan desafiantes en las laderas que miran al Sur, suplementados por otros nidos, más discretos, excavados en la roca, y numerosos refugios, igualmente subterráneos. |