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ARAMA 36/37 - Web de la Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana 1936-1937 (Periodo guerra civil)
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Ruta por el cerco de Oviedo
Cerco de OviedoHacía meses que no organizábamos una ruta por los alrededores de Oviedo y no convenía retrasarla más pues desgraciadamente muchas obras del cerco están a punto de desaparecer debido a la consecución de varios proyectos urbanísticos. Podía ser ésta pues la última oportunidad de contemplar algunas de las construcciones militares que por su complejidad, estado de conservación y valor histórico pueden considerarse entre las más importantes de Asturias.

A las 10.00 de la mañana acudimos al punto de reunión. El primer lugar de visita es Prado de La Vega, unos terrenos cercanos al nuevo Hospital Universitario –en construcción- que muy pronto serán urbanizados. Gracias a las gestiones de nuestra asociación los elementos de fortificación que allí se ubican no han sido demilidos (aún) y se encuentran en fase de estudio. Lo que no quiere decir que se preserven pues de momento solamente tenemos el compromiso de la Consejería de Cultura de conservar un 20% de las construcciones.

La zona se encuentra actualmente en fase de movimiento de tierras. Las construcciones militares han sido excavadas con bastante falta de cuidado y se ha dejado a la vista toda la estructura de los elementos. Los trabajos que se han llevado a cabo con una pala excavadora han causado daños importantes. Aquellos parcipantes en la ruta que no conocían Prado de la Vega se sorprendieron por la cantidad y variedad de fortificaciones dispersas en un espacio relativamente pequeño. Se trata de obras levantadas por el ejército republicano entre abril y septiembre de 1937 cuando las columnas gallegas ya habían abierto el pasillo de Grado y los republicanos temían que los nacionales iniciaran una ofensiva desde la capital sobre Gijón y Avilés. Se dispuso así una serie de anillos defensivos concéntricos que desde Oviedo llegaban hasta Lugones. Por lógica las construcciones más alejadas de la ciudad son las que han llegado a nuestros días en mayor cantidad, pero son ahora éstas, con las ampliaciones urbanas y la construcción de nuevos viales, las que corren tamibén el riesgo de desaparecer.

Perímetro nuevo Huca

Las construcciones militares aledañas a las obras del nuevo Hospital se encontraban en su día en primera línea de fuego, enfrentadas a las posiciónes nacionales de La Cadellada.  Son éstas las primeras que visitamos. Varios nidos de ametralladora aparecen a nuestra vista erguidos sobre la tierra removida como si fueran champiñones. Uno de ellos llama la atención por su forma poligonal, menos frecuente en Asturias donde habitualmente se construían sobre una base circular. Este nido es uno de los que se nos asegura se van a conservar pues su ubicación coincide o se hará coincidir con el centro de una glorieta. Frente al hospital contemplamos también un asentamiento para fusilería, con sus diminutas aspilleras orientadas a La Cadellada. Si no se remedia esta construcción no tendrá la misma suerte. Parece qie va a desaparecer, pese a que, según los planos del proyecto de urbanización, coincidiría con una zona verde del perímetro ajardinado del hospital.

Son ocho los nidos que visitamos, cada uno diferente, todos peculiares. Uno de ellos, se ve “remendado” a la altura de las troneras con grandes cantos rodados y hormigón. Quedan las marcas de los sacos terreros utilizados como encofrado. Ello denota cierta urgencia en la reparación, probablemente efectuada por la noche y quien sabe si bajo fuego enemigo. El trazado de una calle, ya excavado en el terreno, deja también este nido a merced de lo que decidan las autoridades. Entre los participantes hubo quien consideró que, si su desaparición es irremediable, al menos podría planearse su conservación reubicándolo en otro lugar, por ejemplo en el museo del pueblo de Asturias.

Todas estas construcciones formaban parte de una misma línea que cercaba Oviedo por el Este. Dicha línea avanzaba por La Monxina, Matalablima, La Carisa, La Mata, La Bárcena y seguía por la ladera NO de la colina de Abuli hasta Ventanielles.

Prado de La Vega 

El área que en la nueva urbanización se llama Prado de La Vega comprendetambiñen la zona de La Monxina y la construcción de bloques de viviendas en este lugar afecta también a una de las construcciones más extraordinarias de la guerra civil en Asturias: las galerías de Matalablima.

Se trata de un gran complejo fortificado formado por una larga trinchera cubierta, dispuesta en zigzag, construida totalmente en hormigón aramado que hoy aparece en dos tramos separados, posiblemente unidos en su día. En los primeros metros del primer tramo, empezando por su derecha, la galería tiene un nido de ametralladora totalmente destruido. En el interior justo a la altura del nido se aprecian impactos muy probablemente producidos por la fragmentación de un proyectil. Esta galería estaba hasta hace unos meses totalmente camuflada por la vegetación pero la excavación la ha dejado enteramente a la vista pudiendo apreciarse más claramente la envergadura de la obra. Lamentablemente desde Cultura no se estudia conservar más que un pequeño tramo de la misma ya que el resto coincide con un área que será edificados los nuevos edificios.

Recorrido Prado de La Vega, La Monxina y Matalablima, tomamos los coches para cruzar al otro lado de la autopista en dirección al polígono del Espíritu Santo para llegar al monte de La Mata.

Hace unos meses la zona fue desbrozada y con ello quedaron a la vista muchas de las construcciones que hasta entonces eran difícilmente localizables. Las labores de desbroce se debieron nuevamente a un proyecto de urbanización. En esta ocasión, debido a la necesidad de allanar gran parte de la colina, las posibilidades de conservación de alguna de las construcciones de esta posición fortificada son, para desgracia de todos, muy escasas.

Monxina y Matalablima

Dejamos el coche en el camino de la pequeña capilla del Espíritu Santo, que da nombre al polígono y comenzamos a ascender por la colina, topándonos en seguida con un tramo de trinchera blindada con ladrillo y aspilleraza. Su trazado que se pierde entre la maleza, nos lleva a un emplazamiento avanzado constituido por una galería de tiradores central con sus dos extremos circulares para permitir el empleo de fusiles ametralladores.

Algo mas adelante encontramos otro ramal de trincheras blindadas que se convierte en una galería cubierta aspillerada hasta encontrarnos con un nido de ametralladora el cual conserva en su interior una curiosa inscripción con el nombre de Eugenio y unas comillas entre las que posiblemente llevase escrito un mote o alias que fue cuidadosamente borrado posteriormente. Seguramente con la intención de que el enemigo no pudiera identificar al “imprudente” autor. La inscripción lleva la fecha 2-8-37.

Cruzamos la pradería hasta una hondonada flanqueada por un amontonamiento natural de rocas. Aprovechando alguna grieta natural existente en el mismo fue abierto un túnel que, completado seguidamente con obra de hormigón, se convirtió en una galería para tiradores Este túnel termina en su extremo Sur en un nido de ametralladoras pero un desprendimiento nos impide llegar a él por la galería. En cambio si podemos entrar por una abertura que alguien practicó en el techo del mismo. Después de cierto titubeo entre los presentes, Luis se animo a saltar al interior comprobando que no constituía peligro alguno su acceso al resto de participantes. Los que se animaron a entrar comprobaron que desde la galería argayada se accedía al nido a través de una escalinata de hormigón.

Algo más al Norte, próxima a la columna del tendido eléctrico, visitamos otra obra de hormigón que aparenta ser un puesto de mando pues dispone de dos estancias y carece de troneras, aunque resulta algo difícil hacerse a la idea de su configuración original, ya que ha cedido parte de la cubierta y la primera estancia está obstruida en un cincuenta por ciento por los escombros desprendidos.

Conplejo fortificado de La Mata

Llega el momento de hacer un descanso para almorzar. El cielo comienza a despejar y nos depara un sol espléndido para el resto de la jornada. Mientras damos buena cuenta de bocatas y empanadas coincidimos en la opinión de que este lugar sería idóneo para un parque periurbano. Sin duda sería un atractivo singular, no sólo para el concejo de Oviedo sino para el resto de Asturias. Y opinaban esto muchos de los presentes sin conocer aún lo que quedaba por ver.

A retaguardia de la línea y a mayor altura se encuentran los vestigios de una batería de artillería acasamatada, modelo habitual en la mayor parte de las pertenecientes al Cuerpo del Ejército Asturiano. Como en todas ellas, los techos de las casamatas fueron demolidos una vez terminada la guerra para sustraer los raíles que les proporcionaban solidez. El trabajo, realizado por el Servicio de Regiones Devastadas fue sistemático, por lo que no ha llegado a nosotros una sola casamata provista de su cubierta. En cualquier caso, lo importante en este caso no es la obra exterior de los emplazamientos de las piezas sino la subterránea, consistente en una serie de largas galerías abovedadas que comunicaban bajo tierra las cuatro casamatas, terminando cada túnel en dos escaleras de acceso a las mismas.

Visitar estas galerías es toda una experiencia. Linterna en mano fuimos recorriendo los pasillos en forma de “H”. En túnel central que enlaza todo el conjunto desemboca en un recinto que probablemente fue utilizado como polvorín o puesto de mando.

Concluye la visita a la posición de la Mata, pero no la jornada. Regresamos a los vehículos para dirigirnos a otro curioso complejo fortificado, el Cueto.

El pico del Cueto, en La Corredoria, es una cima de indudable interés estratégico y no es de extrañar que conserve vestigios de anteriores asentamientos militares. El que nos ocupa está considerado una de las fortificaciones más importantes construidas durante la guerra civil en la cornisa cantábrica.

Las Matas

Intramuros de monasterio de Santa María de los Ángeles, situado en su cima, se encuentra la obra más espectacular. Lamentablemente no es posible acceder a ella salvo que se tenga interés en comprar la finca, puesta en venta por las monjas cistercienses que recientemente se han trasladado a otro lugar. Incluso los vencedores de la contienda reconocieron la magnitud del complejo. De hecho, recién finalizada la guerra se barajó su puesta en valor como atractivo turístico-militar.

Las obras de construcción duraron varios meses y terminó la guerra sin que la fortificación fuese ocupada por guarnición alguna. Galerías y nidos de ametralladora componen la edificación principal que por su configuración se asemeja más a un bastión del siglo XVII que a una construcción contemporánea.

Conformados con  poder recorrer su perímetro exterior, lo que el grupo ve tampoco defrauda. Una trinchera aspillerada que alterna tramos cubiertos y descubiertos rodea el pico . En uno espacio de la trinchera  disponía de una fuente para el abastecimiento de agua potable que todavía hoy aprovecha el propietario de una pequeña huerta cercana. Hay también un abrigo avanzado en la ladera oriental y varios nidos de ametralladora, algunos ubicados hoy en las fincas de las casas colindantes. La magnitud de la obra, en comparación con cualquier otra conocida en Asturias es indiscutible.

Pico El Cueto

Proseguimos la ruta, para lo cual regresamos a Oviedo y tomamos la Ronda Sur hasta la glorieta de San Lázaro en la que tomamos dirección a La Manjoya. Nuestro destino son las casamatas de la Batería de San Torcuato. Por el camino los nombres de las parroquias nos recuerdan algunas emblemáticas posiciones. Una estrecha pista nos lleva a los pies de la finca donde está la batería.

 De todas las casamatas artilleras que rodeaban el perímetro fortificado de Oviedo, la batería de San Torcuato es posiblemente una de las mejor conservadas y eso que como las demás tiene la bóveda destruida. La batería estaba compuesta por cuatro piezas pero solo podemos ver tres casamatas. Sobre la cuarta se construyó un chalé hace años el cual si no fijamos bien guarda en el porche la forma de la boca de fuego. Los muros de la batería son de gran grosor para soportar el impacto de los proyectiles y al contructor le resultó más práctico integrarlos en el diseño de edificio que destruirlos. Las tres casamatas que han sobrevivido están comunicadas por galerías subterráneas sólo practicables arrastrándose por uno de sus tramos parcialmente cegado.

La batería de San Torcuato completa el abanico de tipologías diversas que nos ofrece este recorrido y que permite hacernos idea muy clara de la arquitectura militar asturiana en tiempos de la guerra civil. Sus características, usos y por supuesto, condiciones de vida en las que se desarrolló la batalla.

Para terminar el recorrido volvemos a tomar la carretera dirección Oviedo para, en lo alto de San Lázaro desviarnos en dirección al cementerio municipal. En un prado, totalmente camuflado, se encuentra un curioso nido de factura menos elaborada que los anteriores, más “artesano” pudiéramos decir. A su entrada una inscripción nos aclara quien lo construyo, el “Batallón Azaña”, batallón de ametralladoras, formado por milicianos de Izquierda republicana. Desde el interior y a través de la tronera se contempla una magnífica vista de Oviedo con la torre de la catedral sobresaliendo en el paisaje urbano, una imagen que no dista tanto de la que 70 años antes tenían los combatientes aquí apostados.

Batería de San Torcuato

Aquí pusimos final a una  intensa jornada que de seguro cautivó el interés de todos los que en ella participamos. No podemos finalizar este relato sin lamentar una vez más la desaparición de buena parte de este patrimonio. Algo que en la medida de nuestras limitadas posibilidades intentaremos remediar pues nos sobran argumentos para su conservación.

 
 

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