[Español] [English]
ARAMA 36/37 - Web de la Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana 1936-1937 (Periodo guerra civil)
Inicio | Chat | Web-mail | Foro de opinión | Galería fotográfica
Información institucional
Quienes somos
ARAMA 36/37 en los medios
Preguntas Frecuentes (FAQ)
Estatutos de la Asociación
Admisión de nuevos miembros
Contacto
Actividades y Proyectos
Rutas y visitas divulgativas
Conservación
Catalogación de restos
Tertulia mensual
Charlas, coloquios y proyecciones
Contenidos Web
Inicio
Chat
Web-mail
Foro de opinión
Galería fotográfica
La foto del día
Área de socios/as





¿Recuperar clave?
Inicio arrow Rutas y visitas divulgativas arrow Ruta divulgativa por el concejo de Soto del Barco
Ruta divulgativa por el concejo de Soto del Barco
Nido en Soto del BarcoSábado 3 de marzo de 2007, 9.30 de la mañana, el grupo se reúne en el aparcamiento del centro comercial Parque Astur para juntos salir hacia Ranón. Allí se visitará la primera posición fortificada de las muchas que alberga el concejo de Soto del Barco. Al pueblo de Ranón se llega tomando un desvío en la carretera del aeropuerto de Asturias. Dejamos los coches frente a la antigua escuela femenina y seguimos a pie un camino que lleva a un eucaliptal. El final de este camino llega a un altozano desde el que se disfruta de una hermosa vista de la desembocadura del río Nalón y los pueblos de La Arena y San Esteban.

En los primeros días de septiembre del 36 esta última localidad fue tomada por las columnas gallegas sin dificultad, no así Pravia, donde los republicanos ofrecieron una tenaz resistencia, terminando la lucha en un cuerpo a cuerpo a golpe de bayoneta. Desde ese momento el ejército republicano se hizo fuerte al otro margen del río para impedir la progresión de las columnas rebeldes hacia Avilés y Gijón. El final de la resistencia en el cuartel gijonés de Simancas hizo que los esfuerzos de los naciones se concentraran en liberar Oviedo del asedio gubernamental abriendo un pasillo entre Grado y la capital del Principado a través de Peñaflor, cuyo puente no había sido volado. Se convirtió así el último tramo del Nalón en un frente estabilizado, que no tranquilo, durante el resto de la guerra en Asturias.

Los republicanos levantaron imponentes construcciones en su posiciones. Ejemplo de ellas son los reductos de Ranón. Se trata de tres obras unidas por trincheras, en su mayor parte blindadas. La primera orienta sus bocas de fuego a las posiciones nacionales en los montes de San Esteban de Pravia. Desde el exterior apenas se vislumbran las dimensiones de emplazamiento. Pero estas se ponen de manifiesto en cuanto se entra en él. Una galería de fusileros termina en unas escaleras que descienden a un nido de ametralladora central  y otras escaleras nos elevan nuevamente a la siguiente galería de tiradores.

Soto del Barco

Este fortín se comunicaba originalmente con los otros dos a través de un trinchera cuyo primer tramo ha quedado ya desdibujado, no así el segundo protegido con gruesos muros de hormigón. Esta trinchera en forma de zigzag fue desbrozada hace meses por voluntarios de la asociación permitiendo el acceso al resto de construcciones, hasta entonces imposibles de visitar por la maleza que literalmente las engullía.
Los participantes se sorprendieron del extraordinario estado de conservación de los fortines y lo adecuado que sería rehabilitarlos para un uso didáctico-cultural. La segunda construcción alberga un asentamiento de arma automática y una galería aspillerada comunicándose con la tercera nuevamente por una trinchera blindada. Ésta última dispone a retaguardia de otra trinchera que llega a una excavación en el terreno utilizada seguramente como vivac. En las paredes algunas inscripciones, fechas y nombres del momento de su construcción. En el extremo una salida da a una trinchera que se pierde en el monte.

El siguiente destino está muy cerca, hemos de retornar a los vehículos para tomar la carretera que de Ranón baja a San Juan de La Arena. A mitad del camino tomamos el desvío a Barganaz. En esta parroquia encontramos dos construcciones más, similares en fábrica a las de Ranón. Para nuestra sorpresa el perímetro de los fortines había sido desbrozado facilitando su acceso y sobre todo su visión exterior. La primera de estas construcciones está metida en medio del monte, difícil de localizar si no es en compañía de alguien que la conozca. Juan y Luis habían estado allí en varias ocasiones y por ello dieron con ella a la primera.

Nuevamente galería-nido-galería, con la diferencia de contar con un pequeño cuarto de almacenamiento hoy morada de una pareja de murciélagos que apenas se perturvaron con nuestra presencia. La lluvia que en ese momento comenzó a caer hizo que pasásemos en su interior más tiempo del que teníamos previsto, pero lejos de suponer un problema nos vino bien para sentarnos y escuchar a Juan comentar la situación de las fuerzas de uno y otro bando desplegadas en la zona durante la contienda.

Soto del Barco

Las fuerzas republicanas que cubrian la zona que nos ocupa eran dos compañias que pertenecian  a un batallon con plana mayor en Soto el Barco. Aparte de ametralladoras los republicanos emplazaron unos cañones del calibre 119,3 en la peña de Ranón y otros de pequeño calibre al  lado del cementerio viejo del pueblo. Los nacionales  desplegaron una compañia de infanteria con dos ametralladoras en San Esteban de Pravia y situaron dos cañones del  7´5 muy cerca de la hermita del Espíritu Santo. En  Muros de Nalón  tenian dos compañias de infanteria con dos ametralladoras y un fusil ametrallador, una veintena de guardias civiles y 40 voluntarios falangistas. Contaban además con una batería del 105 en el monte Agudo.

Apaciguada la lluvia volvemos a la carretera y seguimos esta hasta su final, comienzo de una pista de tierra junto a la cual se encuentra la segunda fortificación de Barganaz. Parcialmente anegada por las lluvias de los últimos días nos da una idea de las condiciones de habitabilidad que hoy igual que ayer ofrecían estas edificaciones. Algún participante apuntaba además el sonido atronador que en tan reducido espacio debían producir los fusiles y las ametralladoras en sus disparos. Que éste fuese un frente inmovilizado no quiere decir que no hubiera cruce de fuego. De hecho a la vuelta, un vecino nos comentaba como siendo el muy pequeño, cerca de esta posición vio en una ocasión como las balas lo rozaban. Sin percatarse del peligro que corría intentaba coger con la mano aquellas “luces brillantes” como las veía entonces.

Seguimos la ruta, de nuevo en los vehículos bajando a La Arena camino de La Magdalena. Son apenas unos pocos kilómetros en coche los que separan Barganaz de nuestro siguiente destino. Dejamos los coches a un lado de la carretera y cruzamos una finca ante unos expectantes caballos que finalmente deciden acompañarnos. Nos adentramos en otro eucaliptal y pronto topamos con varias trincheras. Siguiendo su trazado llegamos a un peculiar asentamiento de ametralladora. Se trata de una obra digamos de arquitectura muy artesanal. No está construida con hormigón encofrado como es habitual sino de piedra, dándole un aspecto más rústico y primitivo. El techo abovedado es de ladrillo macizo y la tronera más cuadrada que rectangular.

La excursión resulta de los más placentera, incluso contando con que el tiempo no acompaña demasiado. A la variedad e interés de las construcciones hay que añadir la facilidad de acceso, pues todas, hasta ahora, están cerca de carreteras o caminos a los que llegamos en automóvil sin necesidad de grandes caminadas ni complicadas ascensiones.

Soto del Barco

Tras visitar la posición de La Magdalena nos acercamos a la bonita aldea de Foncubierta, con sus casas centenarias de ventanas aspilleradas y ojivales, sus paneras y su capilla recientemente restaurada. Llama la atención entre los vecinos nuestra presencia, pues no es frecuente tal concentración de visitantes, salvo en caso de boda o funeral. Alguno pregunta y no esconde su asombro por el hecho de que vengan 15 personas a ver “lo que queda de la guerra civil”.

Cruzamos el caserío a pie y continuamos por un sendero hasta dar con el emplazamiento. Si bien se mantiene el modelo constructivo de los fortines de Ranón y Barganaz (galería, nido, galería) en esta ocasión una de las galerías está abierta, esto es, sin techo. Tiene poco sentido que una lo tenga y la otra no, por lo que pudiéramos pensar que su construcción quedo inacabada. En el interior hay restos de presencia humana (latas de bebida, velas e incluso una escoba); luego en el pueblo nos comentaron que efectivamente hay una persona joven que de cuando en cuando sube al fortín y pasa allí la noche. Hay que destacar que esta es una de las poquísimas fortificaciones de este tipo que conserva un nido con la meseta para colocar la ametralladora intacta. Al ser esta construida de manera más liviana, lo normal es encontrarla hecha escombros en el interior del nido.

Volvemos a los coches y seguimos ruta. En la rotonda de Soto tomamos dirección a Avilés para desviarnos poco antes del Alto del Praviano en dirección a Rubines. Esta zona está salpicada de nidos y galerías. La primera que visitamos está ubicada en una finca particular, que antes fue merendero. Es menos frecuente de lo deseable el uso de estas construcciones en la actualidad, por supuesto para usos alejados de su finalidad bélica. Este es uno de esos casos, pues su propietario lo ha habilitado como almacén. Muy amablemente nos permitió acceder a su propiedad y estuvo un buen rato charlando con el grupo. Cuando compró el terreno, éste no era, como ahora, de pradería, sino de monte bajo y tuvo que dedicar años a limpiarlo. Nos comenta que rellenó las trincheras que circundaban el nido para poder aprovechar el prado. Durante un tiempo funcionó como merendero pero con la presencia continua de la guardia civil disuadió a gran parte de los clientes que preferían no arriesgarse a una multa de tráfico.

Muy cerca, en otra finca bien cuidada y plantada de frutales nos esperan otras interesantes construcciones. Un par de nidos se comunican a través de galerías subterráneas con aspilleras que apenas sobresalen unas decenas de centímetros del suelo. Aprovechamos la ocasión para realizar una fotografía de grupo ya habitual en nuestras salidas. Entre los participantes que asistían por primera vez había unanimidad en lo agradable de la excursión y lo interesante del recorrido.

Soto del Barco

Bajando a la carretera donde habíamos dejado los coches paramos a ver otro nido con muchas inscripciones. Entre ellas un “viva la República” ya casi ilegible por la erosión. Lamentablemente el lugar sirve de basurero incontrolado y destino final de viejas lavadoras y neveras. Mientras en otros lugares son los  propios vecinos los que  abogan por la preservación de sus restos de la contienda, en otros lugares como en este caso son los máximos responsables de su deterioro. Hablando de ello volvemos a los coches.

Llegó el momento del bocata y la naranja, el abrelatas o la empanada y como en medio del monte no podía ser porque el suelo estaba encharcado se decidió acudir a la plaza principal de Soto del Barco. En un lateral de la iglesia, sentados en unos banjos junto a los jardines, dimos gusto cada cual a sus manjares culinarios.

A la media hora volvía el grupo a la carretera dirección a Ponte. Frente a una casona típica con sus panerona y su capilla, aparcamos lo coches y comenzamos a subir a pie los prados. A mitad de camino llama nuestra atención un gran pozo de piedra. Se trata de una antigua fuente construida en 1801. Este dato lo conocimos posteriormente cuando preguntando a un vecino nos comentó que hace unos 100 años se construyó el lavadero junto a la capilla habilitando la traída desde la fuente natural y que en ese momento se trasladó la losa con la fecha que se colocó en la nueva fuente.

A unos doscientos metros de la fuete antigua el prado deja paso al bosque. Juan y Luis nos guían al solitario e imponente nido de ametralladora. El mismo vecino nos comentaría después que la meseta, hoy destruida, se había conservado intacta hasta hace unos pocos años cuando unas personas la destruyeron para sacar el hierro que la armaba y venderlo como chatarra.

Soto del Barco

El hombre nos cuenta alguna que otra anécdota de la guerra, cuando él era un niño de apenas ocho años. De aquella ya le tocaba ir a cuidar el ganado con otro hermano más pequeño que él. En una ocasión un proyectil de artillería calló a unas decenas de metros de ellos dos, matando a una vaca e hiriendo a otra que con las tripas fuera salió corriendo hasta la cuadra. “Los milicianos requisaron  las dos para carne”. Apunta también como en una ocasión un proyectil de gran calibre impactó contra una de las casamatas de La Tejera que apenas sufrió un pequeño resquebrajamiento.

Los restos de esta batería artillera son nuestro siguiente y último destino. Tomamos una serpenteante carretera que nos lleva a La Tejera y en seguida, al lado mismo de la carretera vemos los restos de la batería. En su día como era habitual en Asturias, estas casamatas contaban con un techo de gran grosor a su vez cubierto por tierra para camuflarlas a la vista de la aviación enemiga. Tas la guerra como tantas otras fueron desmanteladas para extraer las vigas de hierro que sustentaban las cubiertas. Lo más frecuente es encontrar apenas restos de las paredes pero en este caso, los restos que se conservan de una de las casamatas corresponden a una de sus troneras que se mantiene intacta. De las demás quedan las bases y los pasillos subterráneos que las unían. El hecho de que estos pasillos se encuentren totalmente inundados imposibilitó muy a nuestro pesar, el acceso, quedando con las ganas de otra mejor ocasión.

Juan nos aclara que estas casamatas no llegaron a emplazar cañones pero que de haberlo hecho serían muy probablemente del calibre 7,7. El hecho de contar con dos troneras contiguas en lugar de una sola boca mayor es señal de que estaban concebidas para piezas de cierta mobilidad.

Desde el asentamiento artillero, en una colina cercana se divisa la silueta de otro nido de ametralladoras de gran tamaño. Hemos de preguntar al duelo de la finca si nos da permiso para visitarlo, a lo cual accede gustosamente acompañándonos hasta el lugar. Este nido también tiene su singularidad pues sobre la techumbre se observan varias inscripciones de época. Curiosamente una de ellas con nombre de mujer: Isabel. Nos cuenta el dueño que al otro lado de la colina hay una galería excavada que cegó con puedras y tierra para que no se accidentara el ganado. Lo mismo hizo con la entrada al nido.

Intentando descifrar las inscripciones apenas legibles se nos terminó la tarde y con ella la provechosa jornada.

 

 

 
 

(cc) 2010 ARAMA 36/37
Asociación Para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana 1936/1937
Hotel de Asociaciones Santullano. Avda. Fernández Ladreda, 48. 33011 - Oviedo
Inscrita en el Registro de Asociaciones del Principado de Asturias. Nº 8.470 Secc. Primera
Sitio web basado en Joomla! bajo licencia GNU/GPL.