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ARAMA 36/37 - Web de la Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana 1936-1937 (Periodo guerra civil)
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Visita divulgativa al Pedroso y Bufarán

Salida por las sierras de Pedroso y BufaránEl entorno de nuestra salida de febrero 2007 fue el de las sierras del Bufarán y El Pedroso. En la primera vistamos algunas posiciones republicanas que tenían por misión frenar una posible ofensiva por el Sur sobre la villa de Avilés y que debido al desarrollo de las operaciones militares en otros teatros no llegaron a utilizarse. En la sierra del Pedroso la situación fue bien distinta y visitamos parte de su extraordinario entramado de obras de fortificación republicanas  las cuales tenían en frente con las posiciones nacionales de monte Cimero.

Tomamos a la altura de Tamón la prolongación de la Autovía del Cantábrico (A8) en dirección al aeropuerto y en ésta la salida Grado-Avilés Sur que desemboca en la nueva rotonda de la comarcal AS-237 la cual conecta la ciudad del Adelantado con Grado.

Tomando dirección a esta villa, pasamos por el pueblo de La Peral, famoso por su queso azul y coronamos el alto de la Reigada, donde a mano izquierda tomamos la pista asfaltada que conduce al área recreativa de La Degollada. Aparcamos los coches a unos trescientos metros del bar-restaurante para subir a pie y por el cortafuegos un repecho que a media altura corta un gran trincharon con varios refugios excavados.

Cerca del esta gran brecha abierta en la pendiente a pico y pala damos con el dibujo de otra trinchera mucho más estrecha. Siguiendo su trazado llegamos al primer emplazamiento de obra. Se trata de un nido de ametralladoras con tres bocas de fuego orientadas a la  carretera de Avilés. El acceso al interior es un pequeño túnel en la roca, una abertura que debido a los desprendimientos y la tierra acumulada se nos antoja mucho más estrecha de lo que fue en origen, cuando fue practicada por una brigada auxiliar de fortificaciones. Aún así varios miembros del grupo, tomando las oportunas precauciones, se adentraron en el interior para conocer su estado de conservación. Entre tanto, el resto dilucidaba sobre la profusa labor fortificadora del Ejército Popular en las difíciles condiciones que la orografía del terreno asturiano imponía. Los comentarios se alternaban con los elogios a las esplendidas vistas panorámicas.

Posición en el alto de la Reigada

Frente a nosotros al otro lado de la carretera, las colinas de Ventosa, pueblo antaño famoso por sus herreros. En lo alto, entre tierras de labranza, el caserío de La Mafalla, lugar también muy fortificado. Desde nuestra posición con binoculares pudimos apreciar el trazo zigzagueante de algunas trincheras pero no así el nido de ametralladoras -cubierto sin duda por la maleza-  que cruzaba fuego con éste para cortar el paso de la carretera de Avilés.

Descendemos y volvemos a los vehículos para seguir la carretera hasta la bifurcación que se desvía al pueblo de Cogollo. En ella volvemos a dejar los coches para seguir una pista dirección norte por la ladera oriental de la sierra de Bufarán. En el camino apreciamos más trincheras y en la altura la forma de otro asentamiento de armas automáticas.

Es un gran nido de tres troneras orientadas al valle de Cogollo. Delante de él  otro gran trincharon, en su retaguardia varias trincheras, una de ellas cortada por la pista debía unir esta posición con la anterior situada en la ladera opuesta.

El tiempo volvió a acompañarnos pues unos rayos de sol comenzaron a salir entre las nubes que hasta entonces cubrían el cielo. De vuelta a los coches, dejamos la sierra de Bufarán y entramos en la del Pedroso camino al área recreativa. Una nueva parada esta vez al pie del asfalto nos permite conocer  las casamatas de artillería del “Monte los cañones”, instalaciones construidas para albergar piezas que nunca llegaron a emplazarse. De las cuatro casamatas que albergaban la batería apenas quedan sus ruinas, pues recién terminada la guerra civil y debido a la necesidad, muchos habitantes de los pueblos vecinos las desmantelaron para reutilizar los ladrillos utilizados en su construcción. Una de ellas, a la derecha del camino, es la que se conserva en mejor estado, de las otras apenas vestigios entre matorrales y helechos.

Posiciones en la sierra de Bufarán

Llegamos a la Degollada en el momento más oportuno, el del almuerzo. Una pena que esta área recreativa, uno de los primeros espacios de éste tipo creados en Asturias y muy frecuentada todo el año, no se mantenga en mejores condiciones. Escogemos unas mesas cerca de la fuente y sacamos de nuestras mochilas el sustento que nos permitirá afrontar en las mejores condiciones la segunda parte de esta fascinante jornada fortinera.

Los bocatas, empanadas y viandas varias dan paso a la caminata. Al Suroeste tomamos  una pista que rodea por completo el pico Pedroso. A poco en un ramal nos desviamos a la derecha, caminamos varios cientos de metros y  luego tomamos un camino de tránsito de carrocetas para la tala de árboles. Casi a la vera damos con las primeras trincheras siguiendo los pasos de Juan, avanzadilla del grupo y buen conocedor del lugar al cual debemos la localización de muchas de estas posiciones.

Bajo la sombra de los pinos, las trincheras conservan excepcionalmente su trazado. Es frecuente encontrar en ellas túneles excavados como refugio o cuminicación. En uno de ellos nos detuvimos súbitamente. Un ruido extraño salió de una de aquellas cavidades, sin duda algo se había movido en la penumbra. No pudimos verlo, pero si escuchar un par de gruñidos. Presumiendo que podía tratarse de un jabalí preferimos no molestar al animal y proseguir. En estas ocasiones es cuando se pone de relieve el cuidado que hay que tener a la hora de adentrarse por este tipo de lugares, pues no es éste el primer susto que nos hemos llevado.

Mientras comentábamos los sucedido, una parte del grupo mas adelantado estaba ya junto a otro nido de ametralladoras. La sierra del Pedroso fue uno de los puntos calientes de la contienda desde el momento en que las columnas gallegas se abrieron paso hacia la capital del Principado. El monte Cimero situado frente al Pedroso fue ocupado por los nacionales para asegurar el pasillo de Grado, débil cordón umbilical que permitía a éstos el abastecimiento civil y militar del Oviedo cercado desde la villa moscona.

Posicion artillera cerca de La Degollada

Pero aún estábos en posiciones de segunda línea de defensa, construidas por los republicanos inmediatamente detrás de la primera línea de fuego y concebidas para ofrecer un nuevo punto de resistencia en el caso de que el primero fuese rebasado por el enemigo. La segunda línea de defensa estaba concebida para ser igual de resistente que la primera y por ello entramos una enorme red de trincheras, emplazamientos de armas automáticas y parapetos.

El que ahora se nos presenta en un nido con una sola tronera, menos común en Asturias pues son mucho más habituales los de dos y tres. No cuenta con meseta para la ametralladora pero si con las ranuras propias para adecuar el trípode de la ametralladora por lo que es de suponer que la meseta era de madera.

Seguimos el trazado de la trinchera unos quinientos metros y llegamos a otro nido, esta vez ya de dos troneras. Visita al interior, de dos en dos pues no hay sitio para más, un trago de agua y nuevamente a seguir el dibujo de las trincheras bajo los pinos hasta otra pista de carrocetas que las corta. Ascendemos por ella hacia una zona más elevada donde topamos nuevos atrincheramientos en este caso de gran profundidad. Son galerías de comunicación entre varias construcciones.

Llegamos a un nuevo nido con un acceso en “L” practicado en roca pero con techo de ladrillo y estrechas vigas de hierro. En algunos puntos se conserva la madera del encofrado. El nido orienta sus bocas de fuego al Cimero, pero hoy los árboles y matorrales no dejan ver más allá de unas decenas de metros.

Image

La sierra del Pedroso es probablemente  junto con la del Naranco, la que conserva un mayor número de fortificaciones de la contienda, resaltado además por su gran variedad de elementos  y el asombroso estado de conservación.

Siguiendo como siempre las trincheras llegamos a otra interesante posición. La zanja abierta en la tierra llega a una entrada de cemento, pero a ras de suelo no se ve obra alguna. Al entrar encontramos una construcción circular, pero en lugar de troneras tiene un orificio rectangular de aproximadamente 40x40 centímetros que en ángulo de unos 80 º asciende hasta la superficie ¿un puesto de observación tipo periscopio tal vez? Pudiera ser y es la teoría de muchos de los presentes pero no de todos pues algunos verían su utilidad innecesaria. En medio del debate seguimos caminando por el bosque pues hay más que ver.

Tras cruzar una zona recientemente talada volvimos a adentrarnos en los pinares. Aparecen una vez más las trincheras y momentos después una excavación circular anegada de agua por las lluvias de días anteriores que denota los preparativos que en su día se llevaron a cabo para la construcción de un nido. Apenas unos metros más adelante hay uno construido, el cual elegimos para una foto de grupo. Éste sí disponía originalmente de una meseta de obra aunque de ella solo quedan cascotes en el suelo. Como curiosidad, sobre las ranuras para las patas de la ametralladora tuvieron que practicar otras diferentes lo que indica que el emplazamiento fue inicialmente pensado para un tipo de arma y en algún momento sus ocupantes se vieron en la necesidad de emplazar otro modelo. El techo interior conserva parte de la tela de los sacos, además de sus formas, empleados en la construcción. A un costado del nido, otra excavación rectangular sugiere los trabajos de cimentación de una galería de fusileros que finalmente no se llevó a cabo.

Obras de fortificación en la sierra de Pedroso

Tras las fotos ascendemos casi hasta la cima del Pedroso y caminamos en dirección opuesta hasta pasar nuevamente por la franja despejada de arboleda por la que cruzamos momentos antes desde más abajo. En el lugar nos espera un curioso parapeto aspillerado de mampostería. Es una construcción singular, más propia de posiciones situadas en alta montaña. Pero aquí está y con ella se enriquece la diversidad de elementos de la contienda en esta sierra prelitoral. Observándolo y comentado lo visto nos percatamos que comienza a chispear y decidimos teniendo en cuenta la hora que era mejor emprender el camino de vuelta.

Dejamos atrás varias posiciones interesantes en el monte de La Escrita que serán sin duda visitadas en otro momento, pues es mucho lo que todavía queda por visitar. En esta ocasión la jornada termina donde comenzó, en el alto de la Reigada en torno a una mesa de Casa Armando, charlando sobre todo lo que vimos y disfrutamos.

 
 

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